Con el corazón entristecido recibimos la noticia del fallecimiento de la Madre Divina, mujer alegre, intrépida y sobre todo HUMANA, donde pasó, contagió a todos con su alegría y amor por Jesús, por la Escuela Pia, por los niños y la admiración que tenía por cada educador!

Sin embargo, pronto nuestro corazón se regocijó al saber que ella ya está en el cielo contemplando el rostro de Jesús que ella tanto amó. Mientras lo esperamos, ella lo contempla.

Siempre que Madre Divina venía a Brasil y visitaba nuestra escuela, se alegraba como si fuera la primera vez que nos veía, que veía a los niños … y nos emocionaba con su ardor misionero y su amor por la Educación.

Una mujer de corazón abierto a las culturas. ¡De muchas viajes! Pero el viaje más importante que realizó fue llegar  al corazón de cada uno. Su corazón acogedor fue un sello distintivo en su vida, supo acoger a cada hermana, en cada persona con cariño y respecto. Vio en cada uno de ellos el rostro de Dios. Se entregó al servicio del Instituto y de las Hermanas con incansable fervor.

Un día, en una de sus visitas a Brasil, fue recibida por Calasanz y Paula con los brazos abiertos, hoy ese abrazo continúa en el cielo, y desde allí, junto a ellos, ahora intercede por la Escuela Pía que aún peregrina por la tierra extendiendo el Carisma Escolapio en todo el mundo.

Damos gracias a Dios por su entrega incondicional a la Escuela Pía, a las hermanas, a los laicos.

Madre Divina nos deja un ejemplo de mujer de fe, de Hermana amorosa, de religiosa que se esforzó por ser una verdadera escuela. Su fe, fuerza y ​​entusiasmo debemos ser seguidos por todos los que la conocemos.

Escolápias do Brasil
Belo Horizonte, 12 de dezembro de 2020